martes, 8 de febrero de 2011

EL EKEKO COMO SEÑUELO DE LA IGNORANCIA

Escrito por: RAUL CATARI YUJRA*


El "famoso "EKEKO" más conocido como pequeño dios de la fortuna o la abundancia, es una clara representación contracultural. A título de cultura algunos lo idealizan a raja tabla, lo defienden y participan ciegamente sin poder entender cuánto han distorsionado a esta costumbre de nuestros abuelos. Ellos si sabían lo que era una verdadera Alasita (cómprame) entre las comunidades; donde la solidaridad, reciprocidad, empatía, conciencia comunitaria, intercambio equitativo primaban adecuadamente.


La Alasita de ahora, para quienes participan, es otro momento de egoísmo, individualismo e hipocresía pavorosa, y donde la práctica de la boracherra extrema resplandece. Ahora una cosa es entretenerse con algunos juegos donde se lleva a cabo esta “festividad”, para matar el aburrimiento, y otra obsesionarse a ciegas al ekeko y a sus costumbres con challas, postraciones y fidelidad eterna.



El ekeko es un retrato contracultural que va perdiendo popularidad. Muchos abrieron sus ojos para darse cuenta de lo encantados y hechizados que estaban. En estos días lo representan positivamente haciendo hincapié que la gran festividad es y fue asombrosa. Ya no se debería malgastar hasta el insomnio como Antonio Paredez Candia (en uno de sus libros), lápiz, papel y tinta en escribir miles de páginas sobre este evento "cultural".


Sólo hicieron fomentar la mercantilización de las cosas y adormecer los principios del pueblo. La Alasita es un señuelo oportuno para debilitar la verdadera cultura de los pueblos. Cultura es toda acción benévola que hacemos todos los días. Es todo comportamiento adecuado sin perjudicar al otro. Pero, lo que se practica en esta feria, es un atentado a la esperanza de muchas personas inocentes, que depositando su fe en una miniatura de estuco o metal que ni ve, ni oye, ni escucha, ni camina, van a recibir del cielo dólares y mucha comida para todo el año, sin hacer nada. Piensan que sólo pidiendo y comprando objetos de miniatura van despertar abrazado de un fuerte botín en sus brazos, cuando no es así. Sólo esforzándose todos los días uno puede conquistar los sueños perdidos y trazados.


El ekeko es un objeto que sirve para adormecer o invisibilizar la mente. Es un opio. En esta supuesta acción cultural, antes, durante y después de su instalación, sólo existen disputas callejeras entre comerciantes, ambición de lucro, robos, inseguridad ciudadana y la gran tajada mercantil que le aprovechan los grandes pulpos mediáticos. Parece ser una combinación perfecta del capitalismo con el "comunitarismo". Las viejas costumbres de nuestros antepasados no era aquello, como lo dijimos. Los rostros y rastros de nuestros queridos ancianos, y la verdadera cosmovisión andina, parecen marchitarse. * Periodista independiente