viernes, 29 de julio de 2011

LA MÚSICA CHICHA: ¿EMBLEMA DE LOS EXCLUIDOS?

Autor: Raúl Catari Yujra * 

La cumbia sureña  (chicha), es un fenómeno musical emergida a comienzos de 1960 en Lima Perú para buscar una nueva identidad social.  Hoy en pleno siglo 21 este género ingresa con gran fuerza y resonancia a los corazones del bloque social excluido. Uno de los baluartes en su difusión y popularización es la radiodifusión popular y algunas redes televisivas. Aunque determinados grupos siguen marginándola constantemente con palabras despectivas como “esa no es música”, “es de los indios”, “música de los cholos y campesinos”, “es de los borrachos”, o "es el lumpen de la población migrante”,  continúa acrecentándose en el gusto popular. Es decir, permite reconstruir la identidad social del "otro" excluido históricamente.

Según Jaime Bailón, cronista de la evolución de la cumbia chicha en Perú recuerda que “Cuando Los Shapis hicieron su aparición en el gramado del estadio Alianza Lima, sus seguidores izaron los colores del arco iris (la bandera del Tawantinsuyo) y lanzaron vivas por Los Shapis, pero fueron acallados por un grito todavía más ensordecedor: “¡lárguense chicheros!”, “¡chicheros regresen a su pueblo!” (1).

Algunos se imaginan que la música chicha genera o fomenta a la borrachera y vandalismo en la sociedad. La borrachera existe en algunas ocasiones y depende al lugar. Pero si somos más críticos a la realidad, en otros tipos de presentaciones en vivo de rock, villeras, salsa, hip hop también se ven peleas, agresiones y borrachos.

A parte de los Shapis, Nectar, Los Ronisch, Iberia, Consentidas, Chacalón, Destellos, Dina Paucar, Dina Condori, Alicia Delgado (+), surgieron grupos como Lagrimas con Amor, Lagrimas por Amor, Corali, Amaral, Yobana  Hancco, Yeason y Los Rayos de América, Floricielo, Yarita Lizeth (la chinita del amor), Purpura, Sagrado, Emerson, Fresia Linda, Delirios, entre otros. Por ejemplo, Dina Paucar y
Yobana Hancco, expresan perfectamente la cuadrangulación personificada del encanto: Sus voces agudas y dulces, estrellas carismáticas,  manejo adecuado del discurso corporal, y dominio del escenario festivo ante multitudes, las permiten seducir a la diversidad de públicos.

A pesar de la discriminación, la cumbia chicha boliviana o peruana continúa batallando  ante un  régimen casi predominante de exclusión mediático y social que se torna invisible. En suma, esta música es uno de los emblemas de los pobres del Perú, Bolivia, Chile, Colombia, Argentina  y Ecuador. Es el reflejo, de la presencia de la cultura andina en los espacios citadinos, y permite fortalecer la identidad popular. La música chicha es una producción artística que contagia, ilusiona, hechiza y enamora. Aunque en algunas ocasiones su excesivo consumo puede adormecer la mente o cegar la realidad socio-político que vive el país.
 
Los que gustan de la música chicha, son perseverantes, trabajadores y son el sustento de la economía nacional mediante la agricultura,  ganadería, construcción de casas, edificios, carreteras, artesanía y toda verdadera obra de arte.  Sin duda, la música chicha, es el emblema de los excluidos  históricamente.
Las canciones del género chicha continuarán estremeciendo hasta los huesos de mucha gente boliviana y latina, en especial de los migrantes del campo a la ciudad. Cuando uno viaja, se puede ver cómo gente provinciana trabaja al ritmo de sus suaves melodías, combaten sus tristezas  y remedian sus  males y la placidez de sus almas y hasta se imaginan estar en el templo de sus sueños perdidos. En algunos rincones oscuros de una cafetería o discoteca, o en un surtidor congestionado de vehículos de todo color y tamaño, la música chicha (ejemplo  Corali) se riega en las mentes de los choferes y pasajeros. Está claro que la idea de este artículo no es generar fans consagrados a este tipo de grupos, sino destacar el talento artístico y promover la resistencia contra la discriminación racial y recuperar la identidad social sin tapujos. Aunque, no debemos ser miopes y ciegos de cerebro en soslayar la reflexión crítica sobres algunos de los discursos de la música chicha que tienen mensajes insalubres.  
Una de las zonas donde se reciben con los brazos abiertos a los grupos “chicheros”, es la zona 16 de Julio, más concretamente las Avenidas La Paz, 16 de Julio y Alfonso Ugarte, y a veces la misma Juan Pablo II. Estos sitios multicolores, en el fondo, se han convertido como “chichodromos” de primer nivel.  
La piratería a pesar de ser un negocio de sobrevivencia e ilegalidad, es un medio para que toda la antología de grupos peruanos y nacionales llegue a los gustos del público. Claro está, ellos no viven por la venta de sus discos, sino por las presentaciones en vivo que efectivizan. Sino ¿cuál sería el medio? Combatir contra la piratería a estas alturas es utopía a pesar de las normas que la rigen. El mercado discográfico popular ahora tiene el camino libre para trasladar las melodías de la cumbia sureña a la gente obrera, popular, campesina y trabajadora del campo y la ciudad, lo cual era contraproducente e irritante para algunos oídos de la élite hace algunos años.  
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Notas:
(1) BAILÓN, Jaime. Vida, historia y milagros de la cumbia peruana: La c h i c h a no muere ni se destruye, sólo se transforma, disponible en www.flacso.org.ec/docs/Bailon18.pdf - [versión PDF]. 2004.

 * Periodista Boliviano